El mejor y mayor bufete de abogados de España


El mejor (y mayor) bufete de abogados de España no es ninguno de los que salen en las páginas salmón de la prensa económica; tampoco es ninguno de esos que defienden a corporaciones, bancos, fondos de inversión o grupos empresariales internacionales; ni, por supuesto, tampoco ninguno de esos bufetes que, con nombres en inglés, se dan una patina británica con abundante tramoya de company limited y alguna «et» (&) en su denominación social. No, esos bufetes son sólo el 15% del mercado de los servicios jurídicos españoles. Luego están los abogados importantes, los que defienden a los españoles, los que tratan a los clientes de uno en uno y no en rebaño, los que sacan las castañas del fuego a las personas de verdad (las físicas) y las que hacen posible que los habitantes de este país puedan tener derechos de verdad y no solo literatura jurídica. Este bufete de los abogados independientes supone el 85% del mercado de los servicios jurídicos nacionales y son el mayor y, sin duda, también el mejor de los bufetes de abogados de España. Ocurre, sin embargo, que esta forma de ejercicio profesional, en solitario o en pequeños despachos, supone para ellos una importante debilidad. Son extremadamente sensibles a las malas rachas económicas, carecen de recursos para realizar operaciones publicitarias a gran escala, no pueden coordinarse con la eficacia que lo hacen los «grandes» (nótense las comillas) despachos y, en general, en este momento apenas si se conforman con sobrevivir. Es triste decirlo pero es así. En los albores del siglo XXI una forma de ejercicio profesional sobre la que descansan los derechos y libertades de los ciudadanos de España, que supone la última esperanza de igualdad de estos frente a las grandes corporaciones y que es una de las más importantes reservas éticas de la sociedad, se encuentra en franca recesión acosada por gobiernos, corporaciones y sedicentes grandes bufetes de accionariado, juniors y seniors. A día de hoy estos abogados independientes son presa fácil de empresas que les ofrecen servicios de captación de clientes, mano de obra barata para atender las necesidades puntuales de bancos o aseguradoras y víctimas propiciatorias para cualquier nueva tropelía del gobierno, desde condenarles a trabajos forzados en el turno de oficio a negarles cualquier tipo de ayuda en caso de crisis. A día de hoy todos los hermanos y hermanas de esta sagrada cofradía de los abogados y abogadas independientes se enfrentan con un bien disimulado temor al futuro, celebrando vivir al día y asumiendo que habrán de trabajar —si las cosas vienen bien dadas— hasta los 70 u 80 años porque de la Mutualidad esperan muy poco si no nada. Es lo que hay: los miembros del mejor —y mayor— bufete de abogados de España enfrentan un futuro difícil con siniestros pronósticos. Y eso no puede aceptarse. Porque el mejor y mayor bufete de España es superior a cualquier a cualquier otra empresa de servicios jurídicos que puedan imaginar y, si el mayor de los grandes despachos tiene sucursales en las 52 capitales de provincia, el mejor y mayor bufete de España las tiene en los 433 partidos judiciales. Por eso los grandes despachos quieren menos sedes judiciales y los abogados independientes más. Porque unos defienden su negocio y no a la ciudadanía mientras que lls abogados independientes defienden su negocio, sí, pero también a la ciudadanía. No, ningún «gran» (vuelvan a notar las comillas) bufete puede competir contra el mejor —y mayor— de los despachos y les temen. Les temen porque saben que si todo este potencial se organiza será virtualmente imparable y que, si bien antes esa organización era poco menos que imposible, ahora las más avanzadas tecnologías sí lo permiten. Y piensan bien. Es la hora de las organizaciones distribuidas como la abogacía independiente, es la hora de las redes de pares, es la hora de las estructuras descentralizadas y es la hora de los ciudadanos y no de las corporaciones. La tecnología para organizar grandes redes distribuidas como las de la abogacía independiente están ya a nuestra disposición y exigen esfuerzo, pero nadie prometió que fuese fácil. Creo que podemos empezar a explorar nuevos caminos a través de esas herramientas y a mí me apetece hacerlo. Los planes están hechos y las herramientas a punto. Si a ti te apetece intentarlo déjame un comentario, me encantará trabajar contigo.

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