MI CAMINO A ITACA

A modo de introducción de "MI VIAJE A ÍTACA", he de confesar que siempre he sentido fascinación por la historia de Ulises y de su patria, Ítaca, pero sobre todo, y a partir de ahí, la fabulosa interpretación que hace Kovafis del viaje de Ulises. Esa historia fantástica, llena de aventuras y de peligros que Homero relató en "La Odisea" y que, por si alguien no la conoce, resumo muy brevemente a continuación. Cuando se produce la Guerra de Troya a consecuencia del rapto de la bella Helena, el rey Agamenón convence a Ulises rey de Ítaca, para que vaya a la guerra. Una vez producida la caída de la mítica Troya con la historia del famoso caballo, Ulises comienza el periplo que habrá de llevarle de vuelta a las playas de Ítaca. Tardará en arribar a Ítaca más de veinte años, en los cuales habrá de recorrer las aguas de medio Mediterráneo y vivir todo tipo de aventuras, buenas y malas, conocer nuevos territorios, nuevas gentes, la ira de los dioses y la obsesión por él de alguna diosa, incluso el canto de las sirenas que hace que los hombre enloquezcan, ¿Quién no ha oído hablar del canto de las sirenas? Pero Ulises finalmente regresará a Ítaca, tras un larguísimo viaje, lleno de aventuras y de experiencias, que nunca podrá olvidar. En Ítaca le esperan su esposa, la bella y paciente Penélope, y su hijo Telémaco. Penélope ha esperado más de veinte años la llegada de Ulises y ni por un momento ha pensado que no regresaría; ante la presión de los numerosos pretendientes que querían casarse con ella para conseguir el trono de Ítaca, finalmente acepta casarse con uno de ellos cuando finalice la mortaja de su anciano padre, pero el mito cuenta que lo que tejía por el día los destejía por la noche, ganando tiempo para el regreso de Ulises. Penélope y Telémaco siguen teniendo el mismo amor por Ulises que tenían el día que lo despidieron en una de las bahías de Ítaca y nunca han pensado que no regresaría. Ulises al llegar a Ítaca se disfraza durante un tiempo hasta recuperar por sus propios medios el trono de Ítaca al enfrentarse a todos los pretendientes y vencerlos. Penélope reconocerá en él a su esposo y con ello esta historia tiene un final feliz. "ITACA" (Kostantinos Kovafis) Cuando emprendas el viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No has de temer ni a los lestrigones ni a los cíclopes ni la cólera del airado Poseidón. Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta si tu pensamiento es elevado, si una exquisita emoción penetra en tu alma y en tu cuerpo. Los lestrigones y los cíclopes y el feroz Poseidón no podrán encontrarte si tú no los llevas ya dentro, en tu alma, si tu alma no los conjura ante ti. Debes de rogar que el viaje sea largo, que sean anchos los días de verano que te vean arribar con gozo, alegremente a puertos que tú antes ignorabas. Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia y comprar unas bellas mercancías: madreperlas, coral, ébano y ámbar y perfumes placenteros de mil clases.

Acude a muchas ciudades del Egipto para aprender, y aprender de quienes saben. Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca, llegar allí, he aquí tu destino. Más no hagas con prisas tu camino mejor será que dure muchos años y que llegues ya viejo a la pequeña isla, rico de cuanto habrás ganado en el camino. No has de esperar que Ítaca te enriquezca Ítaca te ha concedido ya un hermoso viaje. Sin ella, jamás habrías partido, mas no tiene otra cosa que ofrecerte. Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, sin duda sabrás ya qué significan las Ítacas.


El significado de Ítaca en el poema de Kavafis.- Kavafis fue capaz de realizar un poema sencillamente precioso, sobre la historia mítica de Ulises pero interpretándola desde el verdadero sentido de la vida, Ítaca es el camino, Ítaca es la vida misma.

La vida, es lo mejor que tenemos y muchas veces la dejamos pasar sin pena ni gloria, permitimos que la rutina y los días grises nos anulen y nos olvidamos de lo que verdaderamente tiene importancia. El concepto de Ítaca encarna el concepto de la sabiduría, de lo que aprendemos a lo largo de nuestro camino y nuestra existencia, de lo que vamos acumulando poco a poco en la mochila de nuestras vivencias y nuestros recuerdos, aquello que siempre llevamos con nosotros mismos.

Sus palabras han traspasado milenios, de la Grecia antigua a nuestros días, de tal forma que ambos mundos se dan la mano y se miren cara a cara. Ha sabido transmitirnos a través de su poema el significado de las Ítacas, el significado de las vidas, de las cosas buenas y malas que nos van sucediendo y que nos hace aprender, caernos, levantarnos y seguir hacia adelante mirando al futuro con los ojos bien abiertos pero sin olvidar el pasado que nos ha hecho como hoy somos.

Nos recuerda que lo más importante de todo es vivir el hoy, hacer que cada día sea vivido intensamente, como si el mundo fuera a acabarse mañana. Si afrontamos cada día con ilusión, si somos capaces de disfrutar de cada momento, de conseguir sacar la parte positiva que todas las cosas tienen, al final de nuestras vidas, cuando por fin lleguemos a las costas de la Ítaca anhelada, podremos echar la vista atrás y sentirnos satisfechos y orgullosos de todo lo que hemos hecho, tanto lo bueno como lo malo.

Influencia en mi vida de Ítaca.- Desde que tuve la fortuna de leer el poema de Kavafis, siempre lo llevo guiando mis pasos y mi camino, porque Ítaca es el destino, pero también la motivación que nos lleva a las experiencias, las vivencias y los recuerdos que vamos acumulando a lo largo de nuestro camino. Vamos inventando Ítaca conforme vamos caminando, porque el destino no lo conocemos, pero está en nuestra mano decidir cómo debemos recorrer el camino, de forma positiva, con ilusión, con esperanza, con entrega, o simplemente dejando transcurrir el tiempo.

Si hay algo que todos debemos aprender tarde o temprano, es que no sirve de nada dejar que las cosas sucedan por si mismas, hay que tomar decisiones. Antón Chejov, gran escritor que describe como nadie el mundo emocional y psicológico de sus personajes, nos recuerda en sus cuentos que las personas vulgares son aquellas que esperan siempre lo bueno y lo malo del exterior, mientras que las sabias, lo esperan todo de sí mismas.

Cuando dejas de esperar, la vida cambia, no basta sólo con desear, lanzar un deseo en la noche estrellada no cambia nada, una decisión lo cambia todo. Sin embargo, muchas veces dejamos que la vida suceda, sin pena ni gloria, permitimos que los días grises y las pequeñas o grandes contrariedades nos anulen, y nos olvidamos de lo que verdaderamente tiene importancia. Tristemente cuando nos damos cuenta de las cosas, ya es demasiado tarde, ya no tenemos oportunidad de rectificar, por eso Ítaca nos hace reflexionar, es una oda a la vida y a nosotros mismos.


Mi viaje a Ítaca.- Aunque ya he recorrido buena parte de mi camino a Ítaca, sigo deseando que “el viaje sea largo y lleno de aventuras, lleno de experiencias”; quiero vivir cada día intensamente, con ilusión, como si no hubiera mañana. Quiero saber disfrutar cada momento, de cada instante, por insignificante que sea.

Quiero que mis días sigan siendo anchos y fructíferos, "que sean muchas mis mañanas de verano". No quiero que la edad ni los prejuicios me pongan límites, que nada ponga fin a mis sueños, a mis ilusiones, a mis anhelos. Quiero ser capaz de coger la luna con mis manos, de seguir soñando, quiero perseguir y realizar esos sueños.

Quiero mantener intacta mi curiosidad, "acudir a muchas ciudades del Egipto para aprender, y aprender de quienes saben”, descubrir puertos antes ignorados, detenerme en los mercados de Fenicia... quiero caerme y levantarme, sin olvidar que mi pasado me ha hecho ser como soy.

Quiero atesorar amor con avaricia, derrochar afecto y recibirlo; ser generosa en la entrega, indulgente con los errores, feliz con los aciertos.

Quiero sentir siempre el sabor salado de mis lágrimas, ante el dolor ajeno, ante la injusticia, ante la miseria. Seguir emocionándome con la belleza, con la naturaleza, con una palabra, una mirada, una sonrisa, un verso, una flor.

Quiero seguir siendo capaz de ver lo positivo de todas las personas, de todas las situaciones, de todos los momentos, quiero seguir ignorando todo lo negativo.

Quiero que nunca la noche venza al amanecer, que nunca un problema apague la esperanza.

Así al final de mi vida, cuando llegue a las costas de Ítaca, presintiendo cercano el reencuentro con mi amor, podré echar la vista atrás y me sentiré satisfecha y orgullosa de todo lo que he hecho con él y, también cuando él ya no estaba a mi lado. No pensaré que he desperdiciado mi tiempo, que ya no tengo oportunidad de repetirlo, que no hay vuelta atrás.

Por eso, ahora lo más importante es seguir moldeando mi camino.


P.D. Este post lo publiqué en marzo de 2016 en otro blog que hoy tengo prácticamente abandonado, pero cuyas entradas conservo con cariño.


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